lunes, 11 de enero de 2010

Don Rúa. Su actividad a favor de México


Se cumplen cien años de la muerte de don Miguel Rúa, primer sucesor de don Bosco, ¿qué hizo por México durante los 20 años de su rectorado, de 1890 a 1910?

Los cooperadores salesianos
El primer grupo de cooperadores salesianos mexicanos surgió en la ciudad de México el 22 de junio de 1889; de inmediato le escribieron a don Rúa dos de ellos: el Sr. Edith Borrell y el Sr. Ángel Lascuráin. A partir de esa fecha hubo un abundante carteo, especialmente del Sr. Lascuráin con don Rúa: le informaba del apostolado que hacían los Cooperadores en la ciudad de México, sobre todo de un pequeño colegio llamado “Salesiano”; también le hablaba de la protección que daban a la obra los obispos, en particular el arzobispo de México y daba noticias de otros socios que se adherían a los cooperadores en la ciudad de México, y también en Puebla y Veracruz.
A partir de 1890 el Sr. Ángel le pidió insistentemente al P. Rúa que mandara salesianos para el colegio; también le daba abundantes noticias de la marcha del mismo en los años 1890 y 1891, así como de los problemas que encontraba para llevarlo adelante. Don Rúa respondía en diversas ocasiones, animando a don Ángel a seguir con esas actividades; pero en relación al colegio le informaba que no le era posible mandar salesianos porque no los había; que quizá podría enviarlos dentro de uno o dos años.
Todo esto lo ha tratado con gran competencia el Sr. Jorge Garibay en varios números del Boletín Salesiano del año 2009; por esto voy a iniciar mi relato a partir del año 1892, cuando llegaron los primeros salesianos.

Llegada de los primeros salesianos
Dios premió los trabajos de los cooperadores salesianos y su insistencia para lograr que don Rúa enviara los salesianos a México. Éstos llegaron a la ciudad de México el 2 de diciembre de 1892. Los recién llegados eran cinco, todos italianos: P. Ángel Piccono, P. Rafael Piperni, P. Simón Visintainer, coadjutor Pedro Tagliaferri y estudiante Agustín Osella. De inmediato se pusieron a trabajar.
El pequeño colegio, ubicado en la colonia de Santa Maria, solo podía cobijar a unos 40 internos; los salesianos que estaban acostumbrados a los 800 internos que había en el Oratorio de San Francisco de Sales que don Bosco había fundado en Turín, buscaron soluciones. Pronto el cooperador salesiano don Eduardo Zozaya les regaló un terreno de veinte mil metros en su hacienda de la Ascensión, en las afueras de la ciudad, en lo que sería más tarde la colonia de Santa Julia.

La construcción del nuevo edificio
El 29 de enero de 1893 el arzobispo de México, Mons. Próspero María Alarcón, bendijo y colocó la primera piedra del nuevo edificio, proyectado para asilar a 500 internos; de inmediato comenzaron los trabajos: el P. Piperni y el Sr. Osella, con los diez alumnos más pequeños se establecieron en algunas habitaciones de la hacienda que puso a su disposición el Sr. Zozaya. Desde allí el P. Piperni iba a la construcción y allí el Sr. Osella atendía a los alumnos. Los otros tres salesianos, con 30 alumnos permanecieron en la antigua casa.
Los albañiles eran numerosos y se requería mucho dinero para levantar el gran edificio, de cien metros por lado. El P. Piccono y el P. Piperni los fines de semana hacían colectas en algunos templos del centro; los cooperadores que iban en aumento, ayudaban de acuerdo a sus posibilidades. Siguiendo las crónicas y algunas cartas que le escriben a don Rúa, sabemos que en marzo ya estaban los cimientos, en mayo las paredes se levantaban a la altura de las ventanas, en julio ya se podían utilizar cuatro salones para talleres y clases, por lo que en agosto todos los 40 alumnos pasaron a santa Julia: dormían en la hacienda y tenían los talleres y las clases en la nueva construcción. Al fin del año ya había cien metros de construcción, en una de las alas.

Progresos en 1894
A comienzos de 1894 se comenzó en Santa Julia el año escolar con 141 alumnos, que se alojaban en la hacienda y tenían sus clases y talleres en el nuevo edificio, que seguía en construcción. En enero habían llegado otros siete salesianos y seis Hijas de María Auxiliadora. Las religiosas se establecieron en el antiguo y pequeño colegio que habían ocupado los salesianos en la colonia de Santa María.
Mientras tanto, los hijos de don Bosco, en abril, iniciaron también en la ciudad de Puebla, una nueva obra salesiana; pasó a Puebla el P. Rafael Piperni con el P. Simón Visintainer y el Seminarista Juan Vieceli. Disponían allí de una casa de discretas proporciones que los salesianos, con ayuda de los Cooperadores fueron ampliando.

El interés de don Rúa por México
En lo que llevamos visto pudiera parecer que don Rúa no tenía nada que ver; todo lo contrario. El Padre, se preocupó por buscar los salesianos que envió a México en estos años. El 5 de septiembre de 1892 el P. Rafael Piperni le había escrito al Sr. Ángel Lascuráin, comentando que Don Rúa hubiera querido enviar a lo menos unos diez salesianos a México, pero que le fue realmente imposible.
Los salesianos llegaron a México el día 2 de diciembre y ya el 8 el P. Ángel Piccono le escribió a don Rúa dándole cuenta de la llegada, de las primeras impresiones sobre la ciudad de México, los cooperadores, el colegio, etc. Fueron muy numerosas las cartas que el P. Ángel y el P. Rafael Piperni enviaron a don Rúa en estos años. Don Rúa estaba bien informado sobre lo que hacían los salesianos en México. Muchas de esas cartas se publicaron en el Boletín Salesiano.
Un año después, don Rúa escribe en el Boletín Salesiano de enero de 1894: “En México se echaron los cimientos y se terminó una parte de una vastísima construcción que con la caridad de generosos benefactores esperamos muy pronto llevar a término…”
Es interesante lo que pasó con la fundación de la obra salesiana de Puebla, que se inició sin la aprobación de don Rúa. El P. Piperni le escribió el 24 de abril de 1894: “La casa está fundada. Hay todo, menos la bendición y aprobación formal de V. Señoría: faltando ésta el edificio… se vendrá abajo…”. Don Rúa respondió el 21 de mayo: “Ya mandé mi bendición y la renuevo de corazón”.
Son algunas pocas muestras de lo que don Rúa hizo por las obras salesianas de las ciudades de México y Puebla en los años 1892 a 1894.

Por P. Francisco Castellanos

jueves, 7 de enero de 2010

¿Quién es Don Bosco?

Active ImageEn el ambiente cristiano de una familia humilde y pobre, en I Becchi, un pequeño poblado del Piamonte italiano, nació Juanito Bosco el 15 de agosto de 1815, hijo de Francisco Luis Bosco y Margarita Occhiena, modestos campesinos que ganaban sobria y honradamente el pan de cada día. Dos hermanos mayores, Antonio y José Luis y la abuela paterna, Margarita Zucca, integraban también esta familia.

Dice el mismo Don Bosco: “el primer hecho del que guardo memoria fue la muerte mi padre, el 11 de mayo de 1817, y las palabras llenas de dolor que me dirigía mi madre: ¡pobre hijo mío, ya no tienes padre”. La orfandad paterna y la pobreza fue la primera experiencia de su vida, pero acompañado, guiado y formado siempre por una madre cariñosa y dedicada por entero a ellos. Ella supo integrar en la educación de sus hijos, la mano dura y el rostro amable. Juanito siempre sintió el apoyo y cariño de su madre.

Cuando tenía nueve años, Juan tuvo un sueño que quedó profundamente grabado en su mente y en su corazón, en él se le indicó su futuro vocacional: lo que ocurrió en la escena de los animales feroces transformados en corderos, él tendría que hacerlo con los muchachos difíciles, pobres y abandonados y hacer de ellos buenos cristianos y honrados ciudadanos. Con muchas dificultades y carencias económicas logra entrar a las escuelas públicas de Castelnuovo y después de Chieri. Finalmente aconsejado por el sacerdote Comollo decide entrar al seminario de San Felipe en Chieri y el 5 de Junio de 1841 recibe de manos del arzobispo Luis Fransoni, la ordenación sacerdotal.

 Los primeros tres años de su sacerdocio los pasó en el “Convitto Eclesiástico” -un centro de formación para sacerdotes- en la ciudad de Turín, bajo la guía y dirección espiritual de san José Cafasso. Ahí aprendió a ser sacerdote y tuvo sus primeras experiencias pastorales en las cárceles de la ciudad atendiendo amigablemente a los muchachos que estaban expuestos a todo tipo de peligros; físicos, morales y espirituales. Ahí descubre que su verdadera y eficaz labor pastoral no se encontraba en las prisiones sino fuera de ellas ocupándose en evitar que los muchachos cayeran en ellas.

Es así como en el otoño de 1846 se establece en el barrio de Valdocco y comienza la obra del Oratorio, encomendado al patrocinio de san Francisco de Sales. Ahí recibe a niños y adolescentes los domingos y días festivos, para instruirlos en la fe, educarlos y entretenerlos sanamente. Posteriormente recibirá en su casa a los muchachos huérfanos que carecían de todo. También él como Jesús, constató que la mies es mucha y los trabajadores pocos, al principio algunos sacerdotes amigos y simpatizantes con su obra le ayudaban pero después lo dejaban sólo. Por lo que se fue dando cuenta que sus mejores colaboradores deberían salir de entre los mismos muchachos que él atendía, educaba y formaba.

Así lo había visto en el sueño, primero los animales feroces se convertían en corderos y después salían pastores del rebaño.

P. Felipe Carranza, sdb

lunes, 4 de enero de 2010

Bienaventurado Don Bosco

Bienaventurado Juan Bosco
porque fuiste pobre,
libre de ataduras humanas
para entregarte generoso a los muchachos,
ni siquiera eras dueño de tu corazón,
los chicos te lo robaron,
lo ganaron para Dios.
Tú única posesión era un pedacito de cielo que lo arregla todo.

Bienaventurado Juan Bosco
que lloraste tus pecados
y los de tus chicos,
porque has sido consolado con el Auxilio de María,
descubriendo en la Pascua de Cristo
la causa de la alegría que nadie nos puede arrebatar,
la alegría que nos lleva a la santidad.

Bienaventurado Juan Bosco
porque doblegaste tu orgullo
con tal de ser manso para ganar a tus jóvenes,
para no perderles,
para amarles.
Y así les heredaste no sólo Valdocco,
sino espaciosos patios
que en todo el mundo
acogen a tus muchachos.

Bienaventurado seas Juan Bosco
porque tuviste hambre,
porque no te alcanzaba el pan
que compartías con aquellos que llamabas,
porque confiado en la Providencia,
dabas a manos llenas,
porque el mejor pan, el Pan del Cielo,
fue el objeto de tu amor y de tus delicias.

Bienaventurado Juan Bosco
confesor misericordioso,
capaz de leer los corazones
y de devolverles la paz de Cristo,
porque así también fuiste consolado,
al reconocer que la mano de Dios
a través de María
nunca te abandonó en tu camino.

Bienaventurado Juan Bosco
porque tu corazón limpio,
conservado puro con esfuerzo y vigilancia,
te hizo ver a Dios,
aún en aquellos chicos
más repugnantes a los ojos de los hombres.
No sólo veías al Invisible,
sino que poco a poco aprendiste a ver como Él.

Bienaventurado Juan Bosco
porque en medio de la tempestad
quisiste trabajar por la paz y la justicia,
la justicia en las fábricas,
la paz en la Iglesia,
la paz en tu familia del Oratorio
y por ello Cristo te ha hecho entrar en su Reino,
un jardín donde nos esperas a todos tus chicos,
en la felicidad que no se acaba,
porque es la Casa del Padre.

Francisco E. Zulaica, sdb

miércoles, 7 de enero de 2009

Noticias sobre el proceso de "Santificación" de Juan Bosco


El día posterior al grandioso funeral de don Bosco, el padre Miguel Rua reunió a los miembros del Capítulo Superior (Consejo General) de la Congregación Salesiana y todos juntos decidieron iniciar cuanto antes el “proceso de santificación” de don Bosco. Dos años después, el 31 de enero de 1890, don Rua presentó al arzobispo de Turín, Cardenal Cayetano Alimonda, la petición formal de apertura del proceso. Esta iniciativa fu apoyada por los 20 obispos de la provincia eclesiástica de Turín. Tenía dos partes: el proceso diocesano y el proceso apostólico. El primero se desarrolla bajo la autoridad del obispo donde vivió el candidato a la santidad, y es el proceso fundamental, porque en base a éste, los cardenales encargados por el Papa y luego el mismo Papa decidirían si se arrinconaba o si podía pasar al proceso apostólico, atribuyendo en este momento al candidato el título de Venerable. El Card. Alimonda constituyó el tribunal eclesiástico que debería conducir el proceso. Estaba integrado por cuatro canónigos turineses, uno de ellos el can. Luis Nasi, fue uno de aquellos amigos del joven sacerdote Juan Bosco, que intentaron meterlo en el manicomio de Turín, cuando pensaba que estaba enloqueciendo. El proceso diocesano durará 7 años.

P. Jorge García sdb

jueves, 1 de enero de 2009

La casa natal de Mamá Margarita



"En esta casa nació el 1° de abril de 1788 Margarita Occhiena, piísima madre del venerable Don Bosco", esto es lo que se lee en la casa que está en la comunidad de la Cecca, perteneciente a Capriglio. Diríamos, que es un barrio en las afueras de la comunidad de Capriglio. En esta casa nació la madre de un gran educador y gran soñador; y ella, grande educadora, también fue una gran soñadora. Soñó con ver realizados a sus hijos, fue feliz en medio de sus nietos. Pero los caminos de Dios siguen cursos que superan nuestras expectativas. Y también, superaron las expectativas de esta gran campesina, esta grande santa. La tarde del 3 de noviembre de 1846, ella y su hijo llegaron a Casa Pinardi; y desde aquel día, ella hizo de Valdocco su reino, era su hogar, donde nunca faltó el cariño, aunque muchas veces no hubo pan. Ella era la mamá del Oratorio. Y así fue, hasta que en esta casa (en el tercer piso) un 25 de noviembre de 1856 a las 3 de la mañana, ella emigró al paraiso.


Como vemos, son sitios físicos muy precisos donde esta santa, tan cercana a nuestro corazón, Mamá Margarita, como la llamamos familiarmente, tuvo su madurez espiritual haciendo de Mamá de los chicos sin casa, sin esperanza. Hoy, a nosotros nos toca recibir a chicos con una casa, pero muchas veces sin un hogar. Así que también, en esos lugares físicos muy particulares (escuela, casa de formación, parroquia, oratorio, misiones, cdn...) a nosotros nos toca seguir el ejemplo de esta grande educadora, y devolver la esperanza y familiaridad a nuestros ambientes.

P. Miguel Toriz Bravo, SDB

martes, 2 de diciembre de 2008

Qué opinaba don Bosco sobre la predicación de ejercicios espirituales


Dicen las Actas del Primer Capítulo General, que se tuvo del 7 de septiembre a l7 de octubre de 1877 : Se volvió después a hablar un rato sobre la predicación. En la segunda conferencia se había determinado que algún socio compusiese un breve tratado de elocuencia sagrada que sirviera de texto en los cursos de teología; se designó a don Juan Bonetti.


Pero es preciso, dijo don Bosco, que este tratadito de preceptos no se refiera únicamente a la predicación, sino también a la educación que hay que dar a los jóvenes. Hay que encarnar en él nuestro sistema preventivo de educación. Tiene que ser el amor quien atraiga a los jóvenes a hacer el bien, por medio de una continua vigilancia y dirección; y no el castigo sistemático de las faltas, después de haberlas cometido. Es un hecho comprobado que este segundo método, las más de las veces, atrae sobre el educador el odio del joven de por vida.


Además, la predicación sea sencilla. Dese la definición del tema que se va a tratar; de la definición se saca la división y se explican las partes. No se amontonen muchos textos o muchos hechos, apenas mencionados, para convencer de algo: sino explíquense bien y póngase de relieve aquel texto o aquellos pocos textos. Y en lugar de mencionar muchos hechos, elíjase uno, el que sea más apropiado, y nárrese con todos los detalles que más sirvan para lograr el fin que se pretende. La limitada inteligencia del niño, incapaz de comprender y apreciar la multiplicidad de las pruebas, tendrá por el contrario grabada profundamente en la mente esta única, y si recibió de ella una fuerte impresión, su tierna memoria la recordará después durante muchos años. (M.B. XIII, 256)

martes, 4 de noviembre de 2008

La “oveja negra” en la familia de don Bosco


Luis era el segundo hijo varón de José y estuvo también él, como su hermano Francisco, en el Oratorio en 1854. Terminó sus estudios secundarios.

Dice don Lemoyne que cuando enfermó don Bosco gravemente en Varazze, a fines de 1871 y principios de 1872, este sobrino estuvo junto a su lecho.

En esa ocasión don Bosco dejó escrito en un pequeño trozo de papel:
“Confirmo mi testamento anterior, constituyendo mi heredero universal y ejecutor testamentario al sacerdote Miguel Rua, actual prefecto de San Francisco de Sales en Turín. Quedan fuera de esta disposición sin embargo los bienes paternos que poseo en Castelnuovo d’Asti, que deseo dejar a mis dos sobrinos Luis y Francisco, ambos hijos de mi único hermano José. Ellos están obligados a entregar 200 francos a cada una de sus hermanas y a cada uno de los hijos e hijas de mi hermanastro Antonio, pero solamente a aquellos que estén vivos al momento de mi muerte, y después de dos años de mi fallecimiento, sin exigir intereses”.

En 1874 precisó su pensamiento en cuanto a su sobrino Luis, y escribe: “La parte que forma mi patrimonio eclesiástico quiero que en sus dos terceras partes se entregue al sobrino Luis y esto para compensarlo porla especial solicitud, molestias y gastos que hizo por mi causa”.

Estuvo trabajando en un juzgado en Casale Monferrato. Fue allí donde encontró a la mujer, que nunca llegó a ser su esposa porque era ya separada, y con ella vivió hasta su muerte.

Don Bosco ,que lo amaba tanto, no pudo aceptar esa situación. Le llamó la atención. Fue inútil y no lo quiso ver ya más. Solamente lo recibió en una breve entrevista poco antes de morir, con objeto de dejar bien clara la división entre sus bienes y los bienes de la Congregación. El sobrino dejó bien claro que iniciaría un pleito judicial para exigir cuanto poseía su tío. Pero murió seis días después de don Bosco, con los auxilios de la santa religión.